Sin duda alguna lo que más nos impactó de la capital senegalesa fue su eterna contradicción. Chabolas que se levantan a las puertas de hoteles de cinco estrellas, coches de alta gama aparcados en solares convertidos en vertederos, jóvenes descalzos con móviles de última generación en sus manos. En general la ciudad se muestra inacabada, incompleta, nostálgica de un pasado mejor. O tal vez anhelante de un futuro que se resiste a llegar.

Frente a las eternas playas sólo pobladas al atardecer, las piscinas vacías de agua, los kilométricos descampados convertidos en improvisados vertederos, vivimos el caos del tráfico de las autopistas, los bulliciosos mercados callejeros y el frenético ritmo de los habitantes de la capital.

A lo largo de nuestra visita Daniel fue captando esos lugares vacíos, abandonados que nos transmitieron una gran desolación. Fotografías de paisajes solitarios que sin embargo en muchas ocasiones contrastaban con el ruido de la gran ciudad. Así que la mejor manera de contaros nuestro recuerdo de Dakar no podía ser otra: unir las fotografías y los sonidos de la ciudad.

Este primer paisaje está compuesto por las fotografías de dos cámaras analógicas: ContaxG2 de 35mm y Mamiya7 de medio formato. Las imágenes pertenecen a las calles de Dakar, muchas de ellas de las calles del que fue nuestro barrio en la ciudad: Yoff Diamalaye. En la banda sonora hemos incluido los registros de los mercados callejeros, el tráfico de Dakar y los sonidos del interior de sus taxis. Todo ello fue grabado por María con un multipistas Roland.

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