-¿Sois españoles? Sí, sí…, os puedo ayudar…

La voz se abre paso entre los cientos de estudiantes que abarrotan ese día la entrada al puerto de Dakar. Es día de excursión y todos ríen y celebran el poder pasar el día cerca de la playa. Nuestro destino común es la isla de Goré, a la que se accede a través de un ferri.

-Soy guía oficial-nos cuenta al mismo tiempo que saca del bolsillo de su camisa lo que parece un carné de guía del estado. Tiene los ojos saltones y un tanto inyectados en sangre. Quizá por las horas tan tempranas a las que se levanta para poder llegar al puerto y captar a algún turista desde su casa en Pikine, algo alejada de Dakar. Quizá por el alcoholismo del que es ahora esclavo y que adivinamos por el olor de su aliento. Son las 10 de la mañana.

Habla un español bastante decente y su labia y la marea de escolares nos convencen de contratar sus servicios. Después de acordar un precio para todo el día, sale con un respingo haciéndonos señas para que le sigamos. Nos cuesta no perder de vista la gorra con los colores de la bandera de España que viste . Pero él ha hecho este recorrido muchas veces y con destreza nos consigue los tickets del ferri.

Así conocimos a Ibrahim Sow. Sabe español porque ha trabajado para la empresa española Pescanova durante 15 años. Según su relato realizaba labores de intermediario entre españoles y senegaleses.

Cuando la pesca empieza a escasear en las aguas de la Unión Europea, las grandes empresas deciden probar suerte en las costas africanas. Esto provoca un descenso brutal en la pesca local. En resumen los pescadores senegaleses no pueden competir con los grandes buques de las pescaderas europeas. Ante ellos se abren dos opciones: tener la “suerte” de ser contratados por las multinacionales o jugarse la vida en un cayuco para llegar a las costas canarias. En 2006 el gobierno senegalés decide no firmar más acuerdos con Europa para la pesca en sus costas y las grandes empresas se van. Se van y abandonan. Abandonan a trabajadores como Ibrahim, que ya no es pescador pero tampoco europeo. Ahora es guía del estado.

Durante nuestra travesía se esfuerza por contarnos datos sobre la isla de Goré. Su extensión, su historia, los millones de personas que salieron de allí rumbo a la esclavitud. Pero su mirada está perdida. Nos asegura que nos contará todo lo que necesitamos saber sobre la isla, pero él está perdido. Hablamos sobre el horror de la esclavitud pero él sigue encadenado. Una empresa española llegó, esquilmó sus costas, y una parte de Ibrahim también.

Paseamos por la isla, se toma una cerveza, nos cuenta la historia de la esclavitud en Senegal, se toma una cerveza, le invitamos a comer, se toma una cerveza, nos damos un baño en la playa, él se toma una cerveza. En el ferri de vuelta nos ofrece una visita al Lago Rosa y volvemos a acordar un precio.

Caminando por la orilla del lago empezamos a descubrir que quizá nuestro guía no está siento tan honesto como pensamos. Y llegamos a la conclusión de que los precios que nos propone para una próxima excursión a Saint Louise son abusivos. Pasamos la mañana entre las dunas y visitamos la aldea de Keur Balla-bâ donde conocemos a parte de su familia.

Siempre sonrientes nos dan la bienvenida, nos acogen, nos ofrecen su propia comida. Las dos caras de Ibrahim: la hospitalidad y la amabilidad senegalesas frente a la picaresca y el regateo abusivo.

Nuestra desconfianza crece. Y la tristeza también. Finalmente nuestras sospechas se cumplen cuando el guía intenta timarnos con una venta al terminar el día.

 

¿Ésta es la única salida? El primer mundo ha esclavizado, torturado, matado esquilmado al tercero. Y éste sobrevive… pero a qué precio. Europa colonizó Senegal durante siglos y luego la abandonó a su suerte. ¿Ahora qué? Pescanova esquilmó sus costas durante años y después se marchó. ¿Ahora qué?

Senegal e Ibrahim avanzan entre dos mundos sin encontrar su sitio. Europa les ha robado su identidad de diferentes formas pero el resultado es el mismo. Debería llegar el día en que todos los Ibrahims de Senegal declaren su independencia libres de colonos y gobernantes corruptos.

Quizá ese día la mirada de Ibrahim ya no esté perdida.

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