Saint Louise ciudad colonial

Saint Louis ciudad colonial, fue fundada en 1659 por marineros normandos en una isla del río Senegal y se convirtió en capital de la colonia francesa hasta principios del siglo XX. Recibió su nombre en honor del rey de Francia Luis XIV y ha sido testigo de muchos de los vuelos transatlánticos realizados por la mítica compañía Aeropostale.

Desde que decidimos viajar a Senegal se convirtió en una parada imprescindible. Su visita trae a nuestra memoria viajera recuerdos encontrados mezcla de agotamiento, pena y admiración. Pero empecemos por el principio.

Una de las pocas maneras, y más económicas, de recorrer los 250 kilómetros que distan desde Dakar es tomar un autobús. Así que nos dirigimos hasta la estación de Pikine, localidad cercana a la capital senegalesa. Al llegar allí nos encontramos con un parking al aire libre repleto de minibuses y coches particulares. Todos hacían formación en dársenas improvisadas marcadas con carteles de destinos que pocas veces coincidían con sus trayectos reales.

Después de varias vueltas, conversaciones estériles y creciente mal humor compramos los tickets para nuestro viaje a un anciano encargado de repartir a los viajeros. Porque como descubrimos en ese momento el sistema de transporte en Senegal es un tanto peculiar. No hay distinción entre los vehículos públicos y privados. El primero que llegue es el que primero sale siempre y cuando lleve el transporte completo. Desafortunadamente nosotros conseguimos asiento en una minibús, que nos pareció un poco más cómoda que el Renault con más de 20 años que salía justo delante nuestra. Pero eso supuso esperar a que el coche anterior estuviera lleno y claro está que el nuestro también estuviera completo. El resultado fueron tres horas de espera en la estación para poder partir hacia Saint Louise.

Una vez asumida nuestra situación, disfrutamos de uno de los viajes más divertidos de nuestra estancia en Senegal. Tardamos unas seis horas en recorrer un trayecto que en condiciones normales se haría en tres. Pero lo tomamos con buen humor y descubrimos más del país africano. Nos sorprendimos de que los vertederos se improvisaran entre pueblo y pueblo sin control, de enormes mezquitas en construcción que parece salir de la nada y de que los bares de carretera se convirtieran en mujeres que hacen de la venta ambulante de frutos y agua su medio de vida.

Llegamos a la estación de Saint Louise y conscientes de que volver en el mismo día sería imposible, buscamos un hotel en el que pasar la noche. Atravesamos el imponente Puente de Faidherbe que une la ciudad con la parte continental de Senegal. Se trata de una estructura de metal de más de 500 metros y 1500 toneladas construido por Nouguier, Kessler et Cie aunque se le atribuyó falsamente a Eiffel.

Tras pasear por las calles de la ciudad y con poco tiempo de luz optamos por el céntrico hotel La Résidence. Disfrutamos de una romántica cena a la luz de las velas (los cortes de luz eran intermitentes) en un restaurante cercano y por fin descansamos de un día agotador.

Las pocas calles que organizan la ciudad mantienen a día de hoy sus edificaciones coloniales. Unas mejor conservadas que otras son hoy cafés, librerías, hoteles y viviendas. Sin embargo la decadencia que gobierna Senegal también está instalada en Saint Louise. Una vez más las contradicciones del primer y tercer mundo se hacen presentes en apenas tres calles.

Sin embargo nos gustaría resaltar la magnífica librería Leybar en la calle Rue Blaise Diagne, BP 290, Saint Louis. Regentada por un francés recoge también mucha literatura africana y dispone de sala de exposiciones. Allí nos hicimos con un ejemplar de diccionario de Ouolof a inglés.

También nos encantó la tienda de comercio justo Indigo en la calle Quai Roume. En ella  se venden productos textiles y artesanales de la zona.

En definitiva  la ciudad está viviendo un resurgimiento cultural y turístico.

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