Transportados a otro planeta entre la vegetación de las Islas de Madeleine

 

La mayor parte de las guías turísiticas de Senegal hablan de un montón de islas cercanas a Dakar que visitar. Entre ellas se encuentra le Île aux Serpents (Isla de las Serpientes). Se trata de la isla más grande del conjunto llamado Ìles de la Madeleine (Islas de Madeleine) y que a día de hoy conforman un parque natural. Lo que desde luego no dejan claro estas guías es cómo llegar hasta allí. Nos costó un mundo descubrir desde dónde salían los botes para llegar hasta la isla. Después de mucho rebuscar en páginas de viajes, guías, etc… llegamos hasta la ensenada de Soumbédioune, una playa de pesacadores en la costa sudoeste de Dakar.

Cerca de un enorme y desierto parque de atracciones (una de las muchas contradicciones que nos encontraríamos a nuestro paso por Dakar), se encuentra la oficina de turismo. En ese punto se pueden comprar y regatear los tickets de la barca que recorre la distancia hasta la isla. Según nos explicó el encargado de la oficina, los precios variaban dependiendo del número de pasajeros por barca. Así que esperamos a la llegada de más viajeros.

Conseguimos compartir viaje con un grupo de jóvenes senegaleses que iban a pasar el día a la isla. Chicos simpáticos que además nos ayudaron a entendernos con el encargado de la oficina. Recorrimos la pequeña distancia que separa la isla de la costa en un bote a motor llevado por dos trabajadores. Sus caras mostraban el aburrimiento propio de quien realiza el mismo trayecto unas veinte veces al día. Conforme nos acercábamos a la isla una figura iba tomando forma ante nosotros; imponente y como si siempre hubiese formado parte del paisaje un buque encallado nos daba la bienvenida.

Se trata del Almadraba Uno, atunero español que encayó en la costa de la isla de la Serpiente en agosto de 2013 por razones aún sin esclarecer. Toda la tripulación fue arrestada por delito ecológico; de hecho el capitán y dos marineros estuvieron en prisión hasta octubre del mismo año. El vertido del barco fue recogido por la empresa española durante el mes siguiente al accidente. Sin embargo a día de hoy ni el gobierno senegalés, ni el español, ni las aseguradoras se han puesto de acuerdo para retirar el barco del parque natural. Así que sigue conviviendo con la fauna marina del lugar y convirtiéndose en reposo de las aves como el milano o el cuervo blanco que utilizan la isla como paso en sus migraciones. De hecho todo el paisaje de Madeleine está marcado por este fenómeno. Los excrementos de los pájaros tiñen totalmente las rocas de blanco, de un modo en el que ya no se diferencia el principio de unos y otras.

 

Al desembacar contratamos a un joven senegalés que chapurreaba un poco de español y otro poco de inglés. Nos dio una vuelta por el lugar. Lo cierto es que con las indicaciones que salpican todos los caminos no hay pérdida. Pero según nos contó el acompañamiento de un guía es obligatorio para la visita. Durante una hora recorrimos la isla, y la verdad es que el paisaje y la vegetación hacen que te transportes a otro lugar.

Abundan los arbustos bajos resecos por las altas temperaturas  y sobre todo los baobabs, árbol típico de Senegal. En mitad de la isla crece uno de los más antiguos y que se utilizaba para diferentes ritos. Pero sin duda lo que más nos soprendió ese día fueron los colores. Los tonos arcillosos de la tierra, la vegetación desértica y la leve tormenta de arena que nos envolvió lo tiñó todo de rojo. En un momento nos sentimos como visitantes de un planeta desconocido y extraño al que llegamos con tan sólo un pequeño trayecto en barca.

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