Un monumento a las vidas perdidas por la esclavitud: la isla de Gorée

Es uno de los reclamos turísticos más importantes de Senegal y también la huella de una de las mayores vergüenzas de la humanidad: la esclavitud. Descubierta por los portugueses en el año 1444, pasó por manos holandesas e inglesas hasta que Francia se hizo con la colonia y mantuvo su hegemonía hasta el año 1960.

Se encuentra a tres kilómetros de la costa de Dakar y a día de hoy sigue poblada. Su acceso es bastante sencillo. El día que decidimos visitar el lugar nos dirigimos al puerto de Dakar para tomar un ferri que tarda unos 15 minutos en recorrer la distancia a la isla. Allí conocimos a Ibrahim, un guía senegalés que hablaba español, y que nos acompañó el resto de nuestra visita. En Retratos podéis leer más sobre nuestra historia con él. Gracias a él atravesamos la marea de escolares quepoblaban ese día el puerto para pasar un día de excursión en la isla y de paso conocer un poco más de su historia. Compartimos el trayecto con sus risas y la misma impaciencia por llegar.
La isla nos recibe con una pequeña playa a la que se accede a través de un embarcadero. Nada más poner un pie en la isla varias mujeres se nos acercan repletas de joyas en sus brazos. Visten ropas de vistosos colores, típicamente africanas y con su poco español me preguntan mi nombre. Me ofrecen pendientes,collares, anillos, artesanía. A lo largo del día entre las estrechas calles de la isla se escurrirán Marías intermitentes procedentes de las vendedoras incansables.
Después de un pequeño paseo (la isla no es muy grande) llegamos hasta uno de los lugares con mayor interés de Gorée: la casa de los esclavos. Se trata de un edificio tosco, de piedra no muy grande y con un geografía muy simple. Sin embargo los sentimientos que nos abrumaron al traspasar sus puertas son complicados de explicar.
La puerta principal da acceso a un patio que distribuye varias estancias. En ese patio miles de esclavos esperaron su suerte. Allí como si de ganado se tratase los clasificaban en función de su sexo, edad, estado físico. Los niños a un cubículo, los hombres sanos a otro, los enfermos y ancianos a otro, las mujeres en otro disitinto. Allí los engordaban, torturaban, violaban, hasta aniquilar su voluntad. Perdían la noción del tiempo que pasaba hasta que un buen día atravesaban otra puerta, esta vez hacia el mar para tomar un barco. Sin embargo éste no traía un futuro mejor, al contrario. Meses de travesía hasta alcanzar las costas americanas o europeas para vivir una vida de esclavitud si esque llegaban con vida a su destino.

Tristeza, desolación, vergüenza, rabia, impotencia…No tengo adjetivos para describir todo lo que se siente entre esas paredes. Desde 1978 son patrimonio de la humanidad por la Unesco. Un gesto que se supone para recordarnos aquello que pasó y que no se debería volver a repetir. ¿Pero realmente hemos aprendido de nuestros errores?

No tardamos mucho en recorrer la isla y comimos con Ibrahim en un restaurante recomendado por él mismo. Disfrutamos de un excelente pollo Yasha en la terraza del establecimiento con el sonido de las olas rompiendo de fondo.

Nuestros pasos por la tarde nos llevaron a la parte más alta de la isla. Encaramados en una roca encontramos dos cañones que permanecen a modo de escultura. Sus bocas están dirigidas hacia dentro como esperanza de un futuro en el que no haya que cargarlos más para defender sus costas. Siguiendo la ruta de los cañones descubrimos los antiguos almacenes de pólvora y carga de bolas de cañón. Justo debajo de los cañones se abren unas cuevas bastante amplias que hoy sirven de hogar para artistas senegaleses.

De vuelta al embarcadero compartimos baño con cientos de escolares en la pequeña playa que da la bienvenida a la isla y tomamos el ferri de vuelta al puerto de Dakar. Durante el viaje de vuelta tuvimos la oportunidad de charlar con unas cuantas de las vendedoras de la isla. En su regreso a casa compartimos charla en su Wolof natal y nos descubrireron su carácter abierto y acogedor.

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